Ayudemos a la pequeña Isabela Salazar, una niña de 4 años que padece de diplejia Espástica

Ayudemos a la pequeña Isabela Salazar, una niña de 4 años que padece de diplejia Espástica. Apoyemos la campaña de venta de ropa para que sus padres puedan costear su tratamiento.

La diplejia se presenta antes de los 3 años de edad, y es un tipo de parálisis cerebral infantil (PCI).

Altera la postura y la marcha porque está reducida la movilidad de las piernas, y afecta a la precisión manual por estar disminuida la motricidad fina de las extremidades superiores. Supone el 50% del total de casos de PCI. Debida a una lesión cerebral característica de la prematuridad, aunque puede tener múltiples causas, que provoca una alteración del tono muscular.

Alteraciones motoras en la diplejia

Las lesiones cerebrales causan debilidad y rigidez de los músculos de las piernas lo que dificulta el mantenimiento de la postura y del equilibrio.

El niño con diplejia espástica tiene una postura característica.

El tronco está inclinado hacia adelante, las piernas se cruzan de modo que entrechocan las rodillas que además están en flexión y giradas hacia el interior; los pies se apoyan sobre todo en la parte anterior provocando una postura en puntillas.

Las extremidades superiores no suelen tener deformidades, aunque en los casos más graves aparece una dificultad para controlar los movimientos de precisión manual que pueden ser lentos y algo torpes.

El principal problema de la diplejia espástica es la dificultad para caminar. La postura que hemos descrito dificulta mucho el mantenimiento del equilibrio al ponerse de pie, por lo que fácilmente se caen hacia atrás. Por eso no suelen iniciar el desplazamiento antes de los dos años y no caminan hasta los 4.

La marcha dipléjica está determinada por la postura que adoptan las extremidades inferiores. Inicialmente la rigidez de los músculos antigravitatorios (los que actúan elevando las piernas del suelo) provoca una marcha a saltitos (parecida a la de un atleta que se prepara para saltar), y las rodillas entrechocan.

Al crecer, cambia la rigidez de los músculos y el eje de equilibrio del cuerpo. Se modifica el patrón de marcha que deja de ser a saltos y se parece más a la de una persona que camina agachada. Ahora la flexión del cuerpo hacia adelante y la de las rodillas es más marcada y el pie se apoya con toda la planta.

Fuente: neuropediatra.org

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